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Esa tarde, estabas como de costumbre bajo el ajoro del  día, rodeada de libros, preocupaciones y pensamientos; no te dabas cuenta, iba tocando la puerta, te susurraba al oído, te preguntaba.

¿Porqué tanto ajoro?,

Fui acercándome, te pedí que té detuvieras. Escúchame, pero aún así continuaste. Nuevamente llegó  la noche, me ignoraste, y te hable un poco más fuerte. Despertaron las taquicardias, sudoración y sentiste miedo.

Pensé, ¡ ahora si me va escuchar!, pero no fue así. Colocaste  tus audífonos y te acostaste. Pasaron los días, los meses y te fui hablando un poco más fuerte; mientras estudiabas, trabajabas y mientras conducías tu auto.

Poco a poco me fuiste escuchando, pero me tenías miedo.

Te preguntabas,

¿Porque me siento así?, pensabas, ¿Me estaré volviendo loca?   sé que no entendías

Llegabas llena de miedo a las salas de urgencias. Visitas a especialistas buscando una explicación a ese torbellino de sensaciones.  Todo porque no lograbas descifrar mi idioma.

Pero un día te detuviste, me alegre, y dije… ¡Qué bueno ya entendió mi mensaje!

 Recurriste a buscar llenar la parte espiritual. Acudiste a templos, buscaste refugio en varias religiones. Sentías que algo te faltaba todavía, no me entendías.

Transcurrieron los meses y años.

Fui hablando más fuerte, cada vez un poco más fuerte.

Te paralizaste, lloraste, temblaste, hasta te alejaste de los demás. Pero un día te topaste con un maestro, alguien que al igual que tú  experimento este torbellino de emociones. Te escuchó, te orientó, te guió.

¡PARA, DETENTE!, nadie te va hacer daño, ¿Ha qué  le temes?

Ahogada en llanto no supiste contestar. Le hablaste sobre mí y mis mensajes, y  ese maestro te respondió, es ANSIEDAD.  Pasaron los días, charlamos, me escuchaste, me sentiste. Un poco asustada, pero te distes la oportunidad de experimentar mis mensajes.

Poco a poco pasaron los días y fuiste entendiendo el mensaje que te quería llevar.

Comenzaste  a pensar en tí.

Sacaste tiempo para disfrutar de tu respiración, del aire rosando tus cabellos, del agua deslizándose por tu cuerpo.

Te fuiste haciendo consiente del día a día.

Te detuviste analizar cada uno de tus pensamientos.

Ha desechar todo aquello que me hacia despertar y hablarte.

Aprendiste a decir que no, aprendiste a valorar tu tiempo.

Te fuiste haciendo cada vez más consiente de tus días, tus horas, tus minutos.

Hasta que un gran día, me hablaste, me dijiste que ya no me temías, aprendiste a conocerme.

Ahora cada vez que toco a tu puerta me das la bienvenida y me preguntas

¿Qué quieres?, ¿A qué he llegado nuevamente?

Yo te respondo,

No olvides nunca…

PARAR y RESPIRAR,  no le des cabida a los pensamientos negativos, vive un día a la vez, agradece en todo momento, no vivas con apegos, deja que todo fluya…

Todavía me doy la ronda, pero ya no me temes tanto, y no te hablo con tanta intensidad, me alegra que al visitarte…

Me das las GRACIAS!!!! Y eso me hace feliz  y  a ti te hace vivir LIBRE!!!

libertad

 

 

Por. Y. Brito/ Psicóloga
Psiconatural
Psychological Services & Wellness Therapy
Anxiety Specialists
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